...Una locura sentir tu cuerpo, besar tu boca
sentir tu piel y cuando me tocas...
Haciéndonos uno los dos.
Sigo sintiendo ese cosquilleo,
y cuando te miro a la cara veo
que está buscandoleee está disfrutandoloo...
martes, 30 de marzo de 2010
sábado, 27 de marzo de 2010
martes, 23 de marzo de 2010
Es la voluntad del señor (eso es mala voluntad)
Si hay algo por lo que no iría al sicólogo, es por mi capacidad de escupir. Los medios están, lo que falta es la voluntad. No se nace sabiendo escupir... a mí me enserñaron cuando tenía 12 años en la escuelita de fúltbol. Y la p*ta madre: ¿qué pasa con la iniciativa?. No fue fácil, fue cuestión de práctica. El mundo se puso en forro. Fue cuestión de buena voluntad e interés. No hay excusa porque no sos Robinson Crusoe. Yo ahora escupo re bien y les gano a todos. Te vas por el caño. De pronto, y sin aviso, "¡fup!" y ¡a volar!. Parte de mí se está liberando. Lo que libero va para dónde yo quiero, porque lo libero. Parte de vos me está denigrando. Todo gracias a mi capacidad de estar dispuesto y obrar. No creo merecer cierta gracia.
Recomiendo: Daniel y el señor (Les Luthiers) parte 1 y parte 2.
Recomiendo: Daniel y el señor (Les Luthiers) parte 1 y parte 2.
lunes, 22 de marzo de 2010
¡Ey! Vos
Desde el trabajo, te digo: este blog es tan deforme como tu cara.
Pero bueno, no se puede hacer nada. Te dejo a este bebe que además es más crack que vos.
Pero bueno, no se puede hacer nada. Te dejo a este bebe que además es más crack que vos.
miércoles, 17 de marzo de 2010
Porque la música es así
Inspirado por el interés en cautivar los ánimos ajenos a mí y en ahondar en nuevos rumbos, he aquí el resultado de una búsqueda basada en campos peculiares de ciertas personalidades. Navegando por youtube, con aires de ampliar mis conocimientos musicales me encontré con algo que remotamente pensaba que era una dedicación a una mujer. Sé que muchos ya lo saben, pero en mi memoria quedó la incompleta versión de "Vivo por ella" que sonaba de telonera en la telenovela "Hombre de mar" allá por el año '97 la cual veía mi madre cuando yo tenía ocho años. Digamos que fue una época de furor para el tema, pero no existía ni youtube, ni el Ares ni ningún medio para tener posesión fácil de la música. En fin, recortando la excesiva y rellenante introducción, lo que más me conmovió no fue reecontrarme con tan hermoso tema, sino saber lo profundo que era cuando "ella" simplemente se trata de la música. Acá les dejo una versión increíble, en español y portugués formando un cóctel explosivo de amor a la música que siempre nos da motivos para ser más melómanos.
domingo, 14 de marzo de 2010
Maldita costumbre
El Sol se esconde, a lo alto la Luna se alza. Miro la hora, son pasadas las ocho y media. Busco mis llaves, los cigarrillos, el encendedor, mi anillo y mi aro. Rebusco en un montón de cosas en mi escritorio y doy con mi billetera y mi documento. El ritual está listo, antes de salir me miro por última vez al espejo. Paso por la puerta de entrada, agarro las llaves y salgo a caminar.
El suave brillar de las estrellas y la Luna alumbrando mi camino como un faro, son la única compañía que tengo. Caminando me siento un extraño, no tengo un destino, pero tengo un objetivo. La mente se me inunda de imágenes inconexas, no les encuentro coherencia, mareado dejo de caminar para prenderme un cigarro. Una, dos, tres pitadas y las cuadras van pasando, dejando huellas avanzo en mi camino. El cielo se nubla, descarga sobre mí las lágrimas. La lluvia me envuelve, me protege. Busco un techo para resguardarme de la llovizna. Una vez debajo de mi humilde protección, me siento solo.
Me armo de valor y salgo a mojarme, a caminar, a pensar.
En mi mente, ella me lleva de la mano, me sonríe y me paralizo. Me embarga una sensación de placer cuando me dice “te quiero”, el amor me inunda. La miro a los ojos, el tiempo se detiene, y con un beso le proyecto mis sentimientos en su corazón. La abrazo y se desvanece.
A lo lejos, las bocinas de los coches me distraen y me desconecta de mi fantasía. Sigo caminando, miro la hora, son las tres de la madrugada. Después de mucho caminar, mi cabeza me informa que estoy perdido. Pero mis pies se siguen moviendo con una determinación alarmante. Quiero parar, estoy cansando, necesito descansar, pero me es imposible.
Ya a las cuatro de la mañana me encuentro en un bar. La gente me parece extraña, me siento un invasor. Me acerco a la barra, me compro un séptimo regimiento, prendo un cigarro. Sentado en un rincón, saboreo mi trago. Entre la multitud, al otro lado del bar, la veo. Bailando, disfrutando de la noche. Me brillan los ojos, me arde la piel, se me acelera el corazón. Deleitándome con su figura, me relajo en mi asiento, apuro el trago hasta aniquilarlo. Armado de coraje y valor, me levanto y la voy a buscar, me abro camino a través de la gente. Al llegar a su lado, tomo aire y la agarro del hombro, al darse vuelta me mira. Todo alrededor de mi se desvanece, y me doy cuenta que todavía no había salido de mi casa, estaba por abrir la puerta con la llave a medio camino.

Por Jonathan P.
El suave brillar de las estrellas y la Luna alumbrando mi camino como un faro, son la única compañía que tengo. Caminando me siento un extraño, no tengo un destino, pero tengo un objetivo. La mente se me inunda de imágenes inconexas, no les encuentro coherencia, mareado dejo de caminar para prenderme un cigarro. Una, dos, tres pitadas y las cuadras van pasando, dejando huellas avanzo en mi camino. El cielo se nubla, descarga sobre mí las lágrimas. La lluvia me envuelve, me protege. Busco un techo para resguardarme de la llovizna. Una vez debajo de mi humilde protección, me siento solo.
Me armo de valor y salgo a mojarme, a caminar, a pensar.
En mi mente, ella me lleva de la mano, me sonríe y me paralizo. Me embarga una sensación de placer cuando me dice “te quiero”, el amor me inunda. La miro a los ojos, el tiempo se detiene, y con un beso le proyecto mis sentimientos en su corazón. La abrazo y se desvanece.
A lo lejos, las bocinas de los coches me distraen y me desconecta de mi fantasía. Sigo caminando, miro la hora, son las tres de la madrugada. Después de mucho caminar, mi cabeza me informa que estoy perdido. Pero mis pies se siguen moviendo con una determinación alarmante. Quiero parar, estoy cansando, necesito descansar, pero me es imposible.
Ya a las cuatro de la mañana me encuentro en un bar. La gente me parece extraña, me siento un invasor. Me acerco a la barra, me compro un séptimo regimiento, prendo un cigarro. Sentado en un rincón, saboreo mi trago. Entre la multitud, al otro lado del bar, la veo. Bailando, disfrutando de la noche. Me brillan los ojos, me arde la piel, se me acelera el corazón. Deleitándome con su figura, me relajo en mi asiento, apuro el trago hasta aniquilarlo. Armado de coraje y valor, me levanto y la voy a buscar, me abro camino a través de la gente. Al llegar a su lado, tomo aire y la agarro del hombro, al darse vuelta me mira. Todo alrededor de mi se desvanece, y me doy cuenta que todavía no había salido de mi casa, estaba por abrir la puerta con la llave a medio camino.
Por Jonathan P.
viernes, 12 de marzo de 2010
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